Pasión Paternal

¡VOLVIMOS A CASA!


08 de julio de 2017

Pablo Cabrales - @pablitocabrales

SE TERMINÓ ESTA PESADILLA. Argentinos derrotó 1-0 a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, y con el empate de Guillermo Brown, regresó a la máxima categoría del fútbol argentino. Sobre el final, Nicolás González le dio la victoria a un equipo que enamoró a todo un país por su fútbol conducido por Gabriel Heinze. Queremos más. Vamos por más. Volvió un grande. Agárrense de las manos.

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Tantas cosas pasaron desde aquella tarde de Mayo en 2016. Un equipo descendido, vacío, peleado. La ex dirigencia escondida, asustada. Sabiendo que, el 80% del presente, era culpa de ellos. Tal cual como lo graficó Heinze esta tarde: "Un club incendiado". 

Nadie busca descender. Y no hay dudas que el "Bicho" peleó hasta el final para que eso no suceda. ¿Pero si tal vez era lo que necesitábamos? ¿Si tocar fondo fue el remedio? ¿Si caer al vacío era el mejor impulso para volver mejor que antes? Diario del lunes, claro. En ese momento, nadie, pero absolutamente nadie, creía que el presente iba ser este. Nadie eh. Ni el hincha más optimista.

Que Montero, que Perazzo, que Coyette. La danza de nombres no paraba. Aunque faltaba uno. Que aunque ahora nadie lo admita, era el más discutido. Algunos hasta decían: "Es parecido a Schurrer". La dirigencia no fue improvisada. Cuando se reunieron, se llevaron una gran sorpresa. Heinze conocía a todos los jugadores de Argentinos. A todos. Desde el más chico al más grande. Y luego, después de meditarlo, se anunció: el ex jugador de la selección argentina, Gabriel el “Gringo” Heinze, se convertía en el técnico de Argentinos Juniors para afrontar la B Nacional.

¿"Acá entrenan"?, le dijo Heinze al "Polo" Quinteros cuando visitó por primera vez el CEFFA. Estaba claro que para los planes del "Gringo", nuestro querido Bajo Flores no cumplía con los requisitos indispensables que, al menos para él, debía tener. No obstante, esa primera mañana de trabajo, en una de sus primeras intervenciones como DT, Heinze miró a los arqueros y les dijo: "Acá, nada de guantes. Todo pelota". O sin conocerlo, se le pegó de cerca a Freire. Le hablaba, lo abrazaba, lo aconsejaba. El “Gringo” gritaba en su primera práctica como si ya estuviera en pleno campeonato. Corregía, aplaudía las cosas buenas, y se enojaba cuando no hacían lo que pedía. Para nosotros, los que seguimos de cerca el club, ver eso era una rareza. No debería ser así, y me disculpo con los ex entrenadores de Argentinos, pero eso no pasaba hace muchos años.

Sin embargo, al inicio del ciclo no fueron todas buenas. La derrota por penales con Laferrere, el empate con San Martín cuando estaba todo listo para ganar, seguía sembrando dudas en la mente de los hinchas, que por supuesto, querían escapar de inmediato de una categoría que no le corresponde a Argentinos. Y ante cada resultado negativo, los murmullos comenzaban.

Pero el trabajo, poco a poco, empezó a dar sus frutos. Victoria con Crucero y Estudiantes de San Luis. Aquella noche de lluvia, en Italiano, un tal Colman hacía el gol del triunfo. El ex Boca no tenía mucha pista en el equipo titular, pero el "Gringo" ya avisaba: "El jugador más picante que tengo se llama Iván Colman". Luego de eso, vino la primera turbulencia. Las derrotas con Guillermo Brown y Villa Dálmine dejaba incertidumbres sobre la mesa: ¿Está preparado Argentinos para pelear el campeonato? La respuesta fue . Heinze descubrió lo bien que Rolón se destacaba jugando solo. Le dio la "10" a Colman, empezó a darle continuidad a Barboza y el tridente ofensivo de Cabrera-Fydriszewski-Romero se aceitaba cada vez más, excepto por algunas apariciones de Lenci antes de su lesión en la rodilla. De a poquito la columna vertebral se iba armando.

La primera rueda finalizaba con un saldo positivo. Peleando arriba, con muchos jugadores en un alto nivel, aunque con el sabor amargo de que podía sacar más puntos si concretaba todo lo que generaba. Y si bien Heinze desdramatizaba el tema de la definición y los goles errados, aquella pretemporada de verano fue el puntapié inicial para este Argentinos arrollador. Aunque no lo demostraría al principio, porque caería con Instituto y Brown de Adrogué en sus primeras dos presentaciones del 2017. Ahora si, a partir de ahí, algo cambió. Algo tuvo que cambiar. Y el equipo no paró de ganar. Pero no era solo ganar. Era ganar jugando bien, superando al rival, por momentos aplastándolo. La gente ya no murmuraba el pase atrás, sino que lo aplaudía. Quien estaba en frente, no se preocupaba por el arco que defendía Lanzillotta, sino porque el suyo no sufriera más de dos goles. 

Las fechas pasaban y todos nos preguntábamos ¿Falta mucho para ascender?. Dentro de cada uno sabía que no, pero el mundo de Argentinos es tan cambiante que por más diferencia que lleves, alguna sorpresa para mal podes tener. Entonces, nadie se animaba a vaticinarlo. 

Partido bisagra: Flandria en el Carlos V. Durísimo. En todo aspecto. Y si me apuran, les digo que no merecimos ganar. Pero este quipo logró lo que un gran equipo debe tener siempre: ganar aún jugando mal. Nico González, el de los goles importantes, le dio la victoria al "Bicho" en Jáuregui, y ahí, por fin, algunos empezaban a saborear la vuelta a Primera. Era cuestión de esperar. De sentarse a ver los partidos y saber a la perfección que a este equipo NO LO VAN A SUPERAR. 

Que transcurra el tiempo. Solo eso. No había que esperar más. Los otros aspirantes, Chacarita y Guillermo Brown, alternaban resultados y se veía que no tenían la regularidad de Argentinos. Una serie de resultados nos colocó en esta posición. Para que el “Bicho” suba, tenía que, primero, esperar un empate o derrota de Guillermo Brown, y por supuesto, ganar en La Paternal. Lo primero sucedió, ahora, faltaba lo más difícil.

Todos nuestros ascensos tuvieron emoción. Tal vez el último fue el más frío, porque si bien contábamos con jugadores grandiosos, fue más el castigo que el goce. El del 2004 fue de locos. Ante todos los pronósticos, y con un equipo que se cayó a pedazos sobre el final, le ganamos a Talleres y subimos. O quizá el del 97, donde no entraba un alfiler en el estadio de Deportivo Español. Aquella noche, el “Polo” Quinteros nos hizo regresar a Primera, y también tuvo su cuota emotiva.

Pero ayer fue distinto a todo. Si a Argentinos lo quieren matar, van a tener que pegarle varias veces porque no va caer. No va retroceder. Es increíble como esta Institución logra resurgir del peor de los incendios. Del peor de los panoramas. Pero volvió a pasar. Aunque si me preguntan de qué manera quería ascender, era esta: jugando hermoso, cuatro fechas antes, y con una gran cantidad de personas afirmando que somos el mejor equipo del país.

Nicolás González fue el héroe de la tarde. El joven de Escobar, que en edad de octava pidió el pase porque no lo ponían, quedó mano a mano a los 42'ST y definió con una calidad admirable. Se sacó la remera y corrió con los ojos vidriosos al córner de Juan Agustín García y Gavilán. Allí, en esa montaña de festejos, no solo estaban los jugadores, utileros y cuerpo técnico. Estaban todas las almas de los hinchas heridos, cansados, pero ahora felices. Este equipo despertó algo que estaba dormido bajo siete llaves. Algo que nunca pensamos que volveríamos a pasar. En los diarios estará el título de que Argentinos volvió a Primera y no está mal. Es lo correcto. Pero, entre nosotros, sabemos que acá trascendió otra cosa. La lealtad, el objetivo, la sonrisa, la pasión. Desde lo futbolístico, fue el mejor semestre de los últimos 20 años, sacando el título de campeón. Fue puro goce. No se sentía otra cosa que no fuera felicidad de ir a la cancha o de verlo por tv de visitante.

Somos afortunados de tener a Gabriel Heinze. El hombre que llegó sin consenso entre los hinchas, que trabajó incansablemente para devolver al club donde se merece, y que ahora entró en la historia del club. ¿Ídolo? Puede ser, ¿por qué no? Nos salvó la vida. No la íbamos a contar. Estábamos destinados a pasarla mal. Pero somos Argentinos Juniors y tenemos un Dios aparte. Cuando todos creen que no podemos seguir más, allí renacemos. Y eso es lo que nos hace diferente los demás.

Pero esto no se detiene acá. Quiero más. Queremos más. Ellos quieren más. La ambición puede ser peligrosa si no la controlas, pero beneficiosa si la sabes llevar. ¿Ya estamos en Primera, no? Ahora quiero la Copa Argentina. Quiero la SuperLiga. Quiero a Heinze en Primera. Quiero a estos jugadores valiendo el doble de lo que valen. Quiero al club saneado. Quiero cordialidad política entre las agrupaciones, un Malvinas en buen estado y los empleados al día. Quiero un buen lugar de entrenamiento para estos pedazos de profesionales, un sector mejor para los periodistas y deseo más socios. Quiero que asomen los Nehuén Pérez, los Mosevich y los Fausto Vera. Quiero vender e incorporar con jerarquía. Quiero que se enamoren de Argentinos. Quiero, quiero quiero. No será tan fácil como escribirlo, lo sé, no soy necio. Pero debemos estar juntos y haciendo cosas. Este es el momento de dar el salto y ser un GRAN club. Otra vez volvemos a tener la OPORTUNIDAD. No le fallemos más a estos colores que tan felices nos hacen. Vayamos por más, y agradezcamosle a este escudo una nueva tarde de emoción. Nos leemos el miercoles con Nueva Chicago. Y por si quedaba alguna duda, QUIERO GANAR EN MATADEROS. 

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