Pasión Paternal

Triunfo y final feliz


09 de diciembre de 2017

Pablo Cabrales - @pablitocabrales

Argentinos fue eficaz y derrotó 3-2 a Banfield en el Florencio Solá en el cierre del año 2017. Braian Romero abría la cuenta al inicio de partido, pero el joven Carranza empataba de manera transitoria. A los pocos minutos, Javier Cabrera, de gran partido, puso el 2-1 y nos fuimos al complemento con la ventaja. Sin embargo, otra desatención en el fondo hizo que nuevamente Carranza ponga la igualdad, pero la historia no terminaría así. A los 20 minutos, Facundo Barboza se iluminó, habilitó a Romero con un pase excepcional y éste definió bárbaro al palo derecho de Altamirano. Al final, terminamos como queríamos. Acomodados en ambas tablas, con mucho rodaje para chicos con potencial y con un solo objetivo en común: que el 2018 sea muchísimo mejor.

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Fue un año difícil desde lo emotivo, pero excelso desde lo futbolístico. Ascender de la manera que se ascendió, con un fútbol bellísimo, chicos del club brillando y un técnico que si bien se fue, dejó un legado que nadie debe olvidar jamás. Por eso, aunque a veces uno se moleste con resultados, el balance final  es positivo. Con muchos errores y aciertos. Pero aprobado en líneas generales. Y no solo hablando de fútbol, sino también de nuestro costado más débil: la Institución.

Alfredo Berti llegó para continuar el proceso Heinze. Apostar a los chicos del club, a un estilo ofensivo y ser ordenado en todo aspecto a nivel club. Pero claro, cada técnico tiene su libro, su forma y su manera. Y por más similutudes que tengan, las cosas iban a cambiar. También para los jugadores, porque los entrenadores tienen distinto gusto a la hora de armar el equipo. 

No empezamos bien. Derrotas ante Patronato y Belgrano. El equipo era un tanto tibio, sin mucho roce, que se notaba claramente la falta de fútbol por haber tenido tan solo un solo amistoso en la pretemporada. Pero cuando todo iba en picada, Berti dio el volantazo justo. Fue al Monumental con Saiz y Laso de dupla central, apostó por Cháves, colocó al "León" Montero en la mitad, y le dio la confianza total a Nicolás González para que sea el "9" del equipo. Después de ahí, triunfos ante Racing, Rosario Central, Chacarita y Arsenal. Algunos merecidos, otros definitvamente no. Y en el último, contra el conjunto de Sarandi, empezábamos a visualizar que algo fallaba. Aparecía un nuevo rival y no hablo precisamente de un equipo. Sino de un defecto. La bendita pelota parada. Lo sufrimos con Estudiantes, Colón y San Lorenzo. Creer o reventar, pero los tres juegos los perdimos 1-0 y de la misma manera. Tal vez en el Bajo Flores fue injusto, pero con el "Pincha" y el "Sabalero", tampoco hicimos algo destacable como para llevarnos algo bueno.

Pese a eso, volvimos a cambiar. Con Temperley empezámos abajo con un gol de otro partido. Se empató, se dio vuelta y por un error nos fuimos sin dos puntos. Y contra Banfield, que la realidad marcaba que ganar era obligatorio, hicimos lo que mejor salió en la Era Berti. Esperar agazapados, presionar cuando cruzan la mitad de cancha y agarrar de contra golpe a los laterales con la velocidad de Cabrera y Romero. Y salió a la perfección. Sobre todo en el primer tiempo, donde el uruguayo fue una pesadilla para Bravo. En la segunda mitad, el "Bicho" siguió retrasado y sufrió el empate, pero nuestro mejor jugador frotó la lámpara y Romero facturó. Tres puntos más adentro, llegamos a 17, tenemos aire en los Promedios y de yapa, hasta que se termine la fecha, estamos en posición de Copa Sudamericana para 2019. 

Particularmente me parecieron seis meses raros. Donde a veces no me salía analizar ciertos pasajes de partidos ganados y perdidos. Por momentos jugábamos medianemente bien, con posesión y combativo, pero no ganábamos. Por otro proponíamos algo más defensivo, sin tanto deseo de tener el control de la pelota, aunque obteníamos el premio mayor. Extraño. Pero hay algo en lo que nunca dudé: en el corazón de todos nuestros profesionales. Hace muchos años no me contagiaba tanto un plantel. Corazón, perseverancia, hombría y coraje. No me alcanzaría el texto para describir más adjetivos. Y ya ni siquiera importaba el resultado. Todos sabíamos que a gamba no nos iban a dejar. ¿Y se imaginan si a eso le sumamos maduración, conceptos claros y un estilo de juego definido? Madre mía, lo peligroso que podemos ser. 

Mirar hacia atrás y ver a Cháves, a Mosevich, a Nehuén Pérez, a Piovi, Benítez, Kevin, Francis, Aléxis, Colman, Barboza, González. A los afianzados Lanzillotta, Torrén, Sandoval, Romero, Cabrera, Pisculichi. Tenemos talento, capacidad y ganas. Habrá que ajustar detalles, como todos, pero la base está. Berti, por méritos estadísticos, estará hasta 2018. Lo cual me parece bien, pese a muchas cosas que no comparto. Pero él, no solo estará a cargo de dejar a Argentinos en Primera, sino de transformar a estas promesas en realidades. Obvio, también dependerá de los propios futbolístas.

Todos deseamos que el 2018 sea mejor. Que estemos en Primera, que seamos protagonistas, que sigan surgiendo chicos, que peleemos cosas importantes. Que el spich #VuelveUnGrande no quede en eso. Que seamos un club modelo. Seductor. Que se agarren la cabeza cada vez que sepan que nos tienen que enfrentar. Escribirlo, sencillo. Hacerlo, difícil. Lo sé. Pero si todos, por una buena vez tiramos para el mismo lado, se puede. Y no hablo de diferencias entre cómo jugo el equipo un partido y cómo jugó otro. Hablo de otro tipo de unidad, una más fuerte. Más fuerte que nunca. 

Finalmente se va un 2017 lleno de momentos maravillosos. Gracias jugadores, gracias Gabriel Heinze y cuerpo técnico. Gracias dirigentes por levantar, de a poco, al club institucionalmente. Gracias al hincha incodicional de siempre. Gracias a los que trabajan incansablemente y no valora tanto: médicos, utileros, cancheros. Nos vemos muy pronto, y les prometo, estará divertido ver al Argentinos Juniors del 2018.

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