Pasión Paternal

No aprendimos nada


11 de octubre de 2016

Alejandro Calumite - @alecalumite

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Sé de antemano que para mucha gente esta será una nota antipática, pero desde que elegí esta carrera tengo claro que la función del periodista no es justamente la de generar simpatías, sino la de contar, analizar y opinar sobre hechos determinados, según su punto de vista. ¿Saben que fue lo peor para mí del partido contra Brown de Madryn? La gente. Y sobre ello me quiero expresar esta vez.

Hace algunos meses, cuando nos tocó perder la categoría por cuarta vez en 20 años, en una columna similar escribí “No deja de descender”. En esa nota, intenté convocar a la reflexión y autocrítica de todos los sectores de Argentinos Juniors después de otra jornada tristísima. Y dentro de esos sectores estaban, por su puesto, sus hinchas.

Iban 5 minutos del segundo tiempo del partido contra Guillermo Brown de Puerto Madryn jugado este sábado y la gente en la cancha cantó: “Jugadores, la c… de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie”. Atrás de eso, se escuchó: “Que se vayan todos, que no quede, ni uno solo”. Definitivamente nos volvimos todos locos.

El que no entiende que Argentinos está jugando en una categoría durísima, que el torneo tiene 46 fechas, que el club atraviesa la peor crisis económica de su historia, que contamos con un cuerpo técnico muy trabajador, detallista y obsesivo (si trabaja bien o mal, lo sabremos con el tiempo), para mí no entiende nada de lo que está pasando.

Por haber visto los cinco partidos de Argentinos en esta categoría (algunos de ellos más de una vez), presenciar semanalmente entrenamientos de Heinze y además dialogando con jugadores, dirigentes, auxiliares y allegados que están cerca del plantel, todos coincidimos en que este equipo, después de mucho tiempo sin rumbo futbolístico, sabe lo que quiere. Le puede salir o no, pero intenta.

Sigo pensando que Argentinos y Chacarita son los dos grandes candidatos al ascenso. Por su historia, están obligados. Como Ferro también, por el mismo motivo, o Chicago por su convocatoria, o alguno más que se quiera sumar a la pelea. Pero estoy convenciendo que cuando Argentinos y Chacarita juegan su juego, nadie puede con ellos. Potencialmente son los mejores.

Simplemente atraviesan el mismo problema: les agarraron la vuelta muy rápido. Por eso los dos perdieron como local. Por eso en la fecha anterior Argentinos fue superado por el planteo de Dálmine y a Chacarita casi lo golea Estudiantes de San Luis.

Que Heinze debe buscar variantes, no hay dudas. Dentro de su estilo, de sus convicciones, de lo que intenta, tendrá que tempranamente encontrar una alternativa para cuando al equipo le agarran la mano. Lo obvio lo vemos todos: Tripodi ya dejó en claro que fue un error traerlo, a los dos centrodelanteros les cuesta convertir, el equipo mete un gol cada cinco llegadas que produce, Argentinos retrocede mal, etc.

Sobre eso, y muchas otras cosas, habrá que trabajar. Pero tiempo hay de sobra. Por más que la gente haya cantado en la quinta fecha “que se vayan todos” cuando lo único que debe irse es la impaciencia y la intolerancia porque sino podemos terminar mal, muy mal. Que la gente esté dolida, es entendible. Que exija, también. Lo del sábado no se justifica.

No debemos subestimar una categoría en la que hace poco Rosario Central, con cientos de recursos más que Argentinos, se mantuvo durante tres años. Gimnasia dos. River ascendió en la última fecha e Independiente ascendió tercero mediante un repechaje. Confiemos que a Argentinos le va a ir bien, pero sepamos que es un camino muy largo. Doloroso, pero largo.

Concluyendo, y recurriendo otra vez a aquella nota que escribí después de Rafaela en mayo de este año, me gustaría que cuando Argentinos vuelva a Primera, sea para siempre. Con un club ordenado (después del caos que dejaron Segura y compañía) y con un equipo que nos identifique, que potencie a los juveniles y, sobre todo, nos haga sentir orgullosos por su manera de jugar. Eso para mí, en esencia, es Argentinos Juniors.

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